Las empresas británicas entran esta primavera en un entorno de costos más duro. El salario mínimo subió a 12,71 libras por hora y muchos empleadores dicen que solo podrán absorber ese impacto con subidas de precios, menos contratación o márgenes más reducidos.
En Escocia crecen los llamados a reformar las tasas comerciales. Un operador de un bar de música en vivo en Glasgow afirma que su factura podría aumentar casi seis veces, lo que muestra cómo los cargos vinculados a la propiedad se están convirtiendo en una amenaza seria para locales y pequeñas empresas.
La presión ya está desembocando en cierres. En Leamington, un restaurante conocido señaló que el aumento de costos y la caída del flujo de clientes lo dejaron sin margen para seguir operando.
Los hogares también podrían sufrir un segundo efecto. Las advertencias del banco central apuntan a que, si un conflicto relacionado con Irán eleva los precios de la energía, la inflación podría mantenerse alta y las hipotecas seguir caras para unos 1,3 millones de propietarios que salen de préstamos a tasa fija.
El mensaje general es que las mejoras salariales llegan en un contexto operativo difícil. Para las autoridades, el reto ya no es solo controlar la inflación, sino evitar que la presión fiscal y energética erosione el empleo y la capacidad del comercio local.