La historia macroeconómica inmediata de Europa es que los responsables políticos siguen priorizando la credibilidad sobre la prisa. Las expectativas de que el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra (BoE) mantengan las tasas sin cambios sugieren que los funcionarios ven poco margen para una flexibilización abrupta, mientras los riesgos inflacionarios y el débil crecimiento continúan tirando en direcciones opuestas.
Esto deja a Europa enfrentándose a un desafío de estanflación familiar. Si la actividad se mantiene débil mientras las presiones sobre los precios persisten, los bancos centrales podrían verse obligados a tolerar una demanda más débil durante más tiempo, en lugar de arriesgarse a reavivar la inflación mediante recortes prematuros de las tasas.
En Estados Unidos, la atención se ha centrado en si las mayores empresas tecnológicas pueden justificar la magnitud de su gasto en inteligencia artificial. Los resultados de Meta, Amazon, Alphabet y Microsoft han mantenido a los inversores atentos no solo a las ganancias, sino también a la agresividad con la que se está desplegando el efectivo en infraestructura y si los retornos llegarán con la suficiente rapidez.
Estas fluctuaciones en las principales acciones tecnológicas importan más allá del mercado de valores, ya que moldean el apetito general por el riesgo e influyen en cómo los inversores perciben