La economía estadounidense enfrenta un contexto inflacionario más complicado: claramente se están acumulando algunas presiones sobre los precios, pero los últimos datos de inflación mayorista estuvieron muy por debajo de las expectativas.
Los futuros del ganado han aumentado más del 25% durante el año pasado, alcanzando niveles récord a medida que los ganaderos enfrentan costos más altos y rebaños más pequeños. Eso apunta a una presión continua sobre los precios de la carne en un momento en que la demanda estacional está aumentando.
La guerra de Irán también está comenzando a notarse en toda la economía, y Estados Unidos dice que se ha implementado completamente el bloqueo de Ormuz, pero aún deja espacio para la diplomacia. Cualquier interrupción sostenida en torno a una importante ruta de transporte de energía aumentaría los riesgos para los costos del combustible, las cadenas de suministro y la confianza empresarial.
Aun así, los precios mayoristas de marzo subieron un 0,5%, por debajo del aumento del 1,1% que esperaban los economistas, lo que sugiere que el impacto inmediato sobre la inflación no ha sido tan severo como se temía. Eso le da a la Reserva Federal cierto margen para mantener su postura paciente en lugar de reaccionar rápidamente a los shocks geopolíticos.
La presidenta de la Reserva Federal de Cleveland, Beth Hammack, dijo que las tasas deberían permanecer sin cambios “por un buen tiempo” mientras los funcionarios evalúan los datos entrantes. Al mismo tiempo, la amenaza del presidente Trump de despedir a Powell añade un obstáculo político a un entorno político ya delicado.
En conjunto, los acontecimientos importan porque empujan las perspectivas en diferentes direcciones: la guerra y los precios del ganado amenazan la inflación, los precios más bajos al productor alivian parte de la presión a corto plazo, y la credibilidad de la Reserva Federal sigue siendo fundamental para determinar cómo los mercados valoran el crecimiento, las tasas y el riesgo.