La principal conclusión macroeconómica es que la economía estadounidense entró en un nuevo shock geopolítico con una inflación aún por encima del objetivo, lo que dejó a las autoridades y a los inversores más expuestos a cualquier nuevo aumento de los precios de la energía.
El último indicador de inflación de la Reserva Federal mostró que las presiones sobre los precios se mantenían en el 3%, un recordatorio de que la inflación no se había enfriado por completo incluso antes de que el conflicto con Irán aumentara el riesgo de mayores costos del petróleo. Eso es importante porque la Reserva Federal ahora tiene que separar la desinflación subyacente de cualquier nuevo impulso al alza impulsado por las materias primas.
Fuera de Estados Unidos, el shock petrolero ligado a la perturbación de Ormuz está reviviendo las comparaciones con la crisis financiera asiática de 1997. Pero si bien los mayores costos de la energía y las monedas más débiles están ejerciendo presión sobre las economías dependientes de las importaciones, el argumento de los analistas es que los equilibrios externos, las reservas y los marcos de políticas son en general más sólidos que hace tres décadas.
Los mercados encontraron cierto alivio en el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, que redujo los temores inmediatos de un shock de oferta más profundo y una escalada regional más amplia. Aun así, el acuerdo se describe como frágil, con un profundo déficit de confianza que deja abierto el riesgo de que las tensiones vuelvan a estallar y reviertan la reciente mejora del sentimiento.
En conjunto, los titulares apuntan a un contexto macroeconómico en el que la persistencia de la inflación y el riesgo geopolítico se refuerzan mutuamente. Si el petróleo sigue volátil, el resultado podría ser un crecimiento más lento, una inflación más rígida, una Reserva Federal más cautelosa y mercados que siguen siendo muy sensibles a cada cambio en Medio Oriente.