La principal conclusión macroeconómica es que los riesgos de inflación están demostrando ser persistentes justo cuando la geopolítica está haciendo que el entorno político sea más difícil de gestionar. Los precios mayoristas más altos en Estados Unidos, las perturbaciones relacionadas con el petróleo y los acuerdos salariales más sólidos en Japón sugieren que la dinámica de precios sigue activa en las principales economías.
En EE.UU., los precios mayoristas de febrero aumentaron un 0,7% intermensual y un 3,4% interanual, muy por encima de las expectativas. Esto se suma a la evidencia de que la presión inflacionaria no se limita a los costos de energía para el consumidor y ayuda a explicar por qué la Reserva Federal está actuando con cuidado incluso bajo presión política para flexibilizar la política.
La decisión de la Reserva Federal de mantener las tasas de interés subraya esa cautela, especialmente ahora que un shock petrolero vinculado a Irán nubla las perspectivas. Los precios más altos de la energía pueden reducir la demanda de los hogares y los márgenes corporativos al mismo tiempo, lo que obligaría a las autoridades a sopesar un crecimiento más débil con el riesgo de una inflación renovada.
La presunta negativa de Europa a sumarse a las demandas estadounidenses de una respuesta marítima más dura en torno al Estrecho de Ormuz pone de relieve una brecha política cada vez mayor entre los aliados. Si esa división limita una respuesta coordinada, es posible que los mercados tengan que descontar un período más prolongado de incertidumbre en torno a un punto de estrangulamiento energético global clave.
En Japón, las negociaciones salariales de primavera de este año produjeron respuestas salariales de alto nivel en las principales empresas, pero la pregunta clave es si esas ganancias se extendieron a las empresas más pequeñas y a los trabajadores no regulares. Esa transmisión será importante para determinar si Japón puede sostener un crecimiento del ingreso real por encima de la inflación y respaldar la demanda interna de manera más amplia.
Corea del Sur ofrece una señal diferente: las ganancias de los bancos aumentaron un 8,2% en 2025, ayudadas por los ingresos no financieros en lugar de los préstamos tradicionales únicamente. Para los inversores y las autoridades, el mensaje más amplio es que el crecimiento, la inflación y la dirección del mercado dependerán de si los shocks energéticos, los aumentos salariales y las presiones subyacentes sobre los precios obligan a los bancos centrales a mantenerse más estrictos por más tiempo.