Los últimos datos de China mostraron resistencia en la producción, pero también dejaron clara la debilidad del consumo y la persistencia de la crisis inmobiliaria. Para Japón, una demanda china más débil sigue pesando sobre las expectativas de exportación e inversión.
En Oriente Medio, la escalada de la tensión en torno a Irán reavivó la preocupación por la estabilidad del suministro de crudo. El Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón decidió liberar reservas privadas de petróleo desde el 16 de marzo para contener el temor a escasez y la presión sobre los precios.
En el mercado cambiario, el yen llegó a caer a la parte alta de 159 por dólar, su nivel más débil en unos 20 meses. Un yen más débil encarece las importaciones y puede trasladarse rápidamente a la gasolina y a las facturas de servicios públicos.
Al mismo tiempo, la negociación salarial de primavera ha dejado alzas relativamente sólidas, con un aumento medio superior a 8.100 yenes mensuales en una de las mediciones sindicales. Eso apoya la demanda, pero la inflación y el tipo de cambio pueden limitar la mejora del ingreso real.
La perspectiva inmediata de Japón queda marcada por salarios más altos por un lado y por riesgos ligados a la energía, la divisa y China por el otro. La clave será si el aumento de los ingresos logra superar de forma sostenida el alza del costo de vida.