El Crecimiento Económico de Estados Unidos se Tambalea ante Cambios en la Política Arancelaria, el Enfriamiento del Mercado Laboral e Inflación Persistente

La economía estadounidense muestra signos de una desaceleración significativa, con el crecimiento del PIB del cuarto trimestre llegando a apenas 1,4%, muy por debajo de las expectativas, mientras que la inflación se mantiene elevada en 3%. Una decisión histórica de la Corte Suprema que anuló los aranceles recíprocos del Presidente Trump ha generado incertidumbre sobre la futura política comercial, aunque los aranceles específicos por sector permanecen en vigor. A pesar de mayores recaudaciones arancelarias, el déficit comercial apenas cambió en 2025, y el mercado laboral se está enfriando con el crecimiento del empleo en febrero esperado a caer a 50.000 empleos desde los 130.000 de enero, lo que sugiere que los trabajadores están perdiendo incentivos para cambiar de posición.

La economía estadounidense enfrenta una confluencia de presiones que cuestiona la narrativa de crecimiento robusto. Los últimos datos económicos revelan una desaceleración significativa en el cuarto trimestre, con el PIB expandiéndose a solo 1,4% anualizado, un resultado decepcionante frente al pronóstico de 2,5%. Esta ralentización surge en medio de una inflación persistente, con el índice de precios del PCE núcleo alcanzando 3%, cumpliendo las expectativas pero sugiriendo que las presiones de precios permanecen resistentes a pesar de las esperanzas de una desinflación continua. La combinación pinta un cuadro de una economía que pierde momentum conforme 2025 se desarrolla.

El mercado laboral, un pilar tradicional de la fortaleza económica estadounidense, exhibe claros signos de enfriamiento. Los economistas encuestados por Dow Jones esperan que el crecimiento de nóminas de febrero se desplome a apenas 50.000 empleos, un retroceso dramático desde el sorprendentemente robusto 130.000 de enero. Esta desaceleración refleja un cambio estructural más amplio en la dinámica del empleo. La prima por cambiar de trabajo, antaño característica de la era postpandémica de la "gran renuncia", ha desaparecido casi por completo, con los diferenciales de crecimiento salarial entre quienes cambian de empleo y quienes permanecen esencialmente colapsados. Este cambio sugiere que los trabajadores se están volviendo menos optimistas sobre las oportunidades o pueden estar ajustando expectativas en un mercado laboral que se estrecha.

La política comercial permanece en incertidumbre tras la histórica decisión de la Corte Suprema que anuló los aranceles recíprocos del Presidente Trump, cuya constitucionalidad era cuestionable. Si bien este desarrollo ha inyectado incertidumbre en los mercados y la economía en general, algunos aranceles específicos por sector permanecen en vigor, dejando a las empresas lidiando con un panorama regulatorio en evolución. Sorprendentemente, a pesar de los cambios en el régimen arancelario y las recaudaciones arancelarias elevadas, que se dispararon más de 300% en enero, el déficit comercial estadounidense resultó notablemente resiliente. El déficit total alcanzó 901.000 millones de dólares en 2025, esencialmente sin cambios respecto al año anterior pese a las intenciones de reducir el desequilibrio mediante política arancelaria.

La decisión de la Corte Suprema crea una ventana de incertidumbre mientras la economía y los mercados se ajustan a un panorama cambiante. Mientras tanto, la administración Trump ha rechazado análisis críticos sobre los impactos arancelarios, con el Director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, desestimando un estudio de la Reserva Federal de Nueva York sobre aranceles como "el peor artículo que he visto jamás", destacando el debate contencioso sobre la efectividad de la política comercial.

Quizás lo más preocupante para los formuladores de política es lo que los economistas llaman la "auge-cesión", un fenómeno donde los estadounidenses reportan insatisfacción persistente con la economía a pesar del crecimiento técnico. El sentimiento del consumidor permanece negativo, sugiriendo que las cifras de PIB enmascararan ansiedades subyacentes sobre poder adquisitivo, seguridad laboral y oportunidad económica. Esta desconexión entre estadísticas de crecimiento y percepción pública subraya los efectos corrosivos de la inflación en los estándares de vida reales y plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de las tendencias económicas actuales. Mientras tanto, desarrollos positivos en el extranjero, como el enfriamiento de la inflación del Reino Unido a 3% en enero, destacan que el desafío inflacionario estadounidense permanece obstinado en comparación con sus pares globales.